

Pasaron treinta y cinco años. María Pilar fue el primer bebe en la casa de los Sánchez. Las distintas fonaciones de llorar. Agudizó las percepciones para descifrar el significado del llanto. José y Ana debutaron como abuelos en el año mil novecientos noventa. Llegó en una madrugada lluviosa de octubre. Su angelical aura iluminó a la familia. Desde que se lo separó del cordón umbilical. El comienzo de la respiración fuera del útero de la hija mayor de los Sánchez. Ese fenómeno de la vida. Se amó en totalidad. La mujer que lo llevó en su vientre, con el esposo, la educaban. Los abuelos, en especial José, la consentía, la mimaba. Las mejores golosinas en los bolsillos, siempre, aparecían.
Creció con entereza. Decencia. María Pilar, era psicóloga en los medios. En su fama, mantuvo el lazo con su abuelo. Más, después, que su abuela Ana murió. Y, un fin de semana. Estacionó. Bajó. Buscó al abuelo. El café humeaba entre los dos. -Abuelo, te recuerdas, era tu princesita. Tus consejos aplicaba –¡Sí, Sí! Entonces, la licenciada le explicó la fortuna de llegar a más de 80 años. Que se es anciano por faltas de proyectos. -Pero vos, solo sos viejo abuelo. Ya vi que tu existencia, ya realizó, el duelo por la muerte de la abuela. La nieta le recomendó que deje de tener el estado mental de un anciano y sea un viejo con sueños y esperanzas. Lo convenció. Le bajó una aplicación de cita del siglo XXI en el celular.
Meses pasaron. Las confianzas crecieron sobre las luces azules de los celulares. La cita se concretó en una confitería. Llegó elegante, con corbata. Luisa atravesó con vestido rosado la puerta. Consiguió, apenas ingresó, toda la mirada de José. El verse persona a persona palpitó los corazones. Hablaron de los miedos, de los hijos. La dama de 71 años le volvió a mencionar de los cuidados que hacía para mantener la presión estable. José le recalcó su período de curación de la próstata. Se pusieron de novio real. Luisa aceptó pernoctaren en su primera noche, juntos, en un hotel. José, que ya tenía muchos besos de Luisa. La abrazó. Recordaba como fue con su nieta. Y, hoy, su nieta, psicóloga, le sugirió continuar su vida después de los ochenta años.
Abelardo Colombo
La Matanza, 20 de octubre de 2025.-


















